Cada 9 de mayo, Rusia y otros pueblos que heredaron la memoria histórica de la antigua Unión Soviética conmemoran el Día de la Victoria, fecha que recuerda la derrota de la Alemania nazi y el fin de la Gran Guerra Patria. En 2026, al cumplirse el 81 aniversario de aquella victoria, Nicaragua se sumó a esta conmemoración mediante actos oficiales, culturales y simbólicos que destacaron el sacrificio del pueblo soviético, la defensa de la paz y los lazos históricos de amistad entre Nicaragua y la Federación de Rusia.

La conmemoración en Nicaragua tuvo varios momentos relevantes. Entre ellos destacó una sesión especial realizada por la Asamblea Nacional, en la que se reconoció el papel del pueblo soviético en la derrota del nazifascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Según la cobertura de El 19 Digital, esta actividad fue presentada como una expresión de unidad entre los pueblos de Nicaragua y Rusia en torno a la memoria histórica y la defensa de la paz (Flores, 2026).

También se realizó una recepción solemne con autoridades del Gobierno de Nicaragua y representantes de la Embajada de la Federación de Rusia. En ese espacio se rindió homenaje a los héroes de la Gran Guerra Patria y se reafirmó la relación de amistad entre ambos países. Durante el acto, las autoridades nicaragüenses destacaron el carácter “inmortal” de quienes lucharon contra el nazifascismo, expresión utilizada para subrayar que su legado permanece vivo en la memoria de los pueblos (Cerón Méndez, 2026b).

Uno de los actos centrales fue la caminata simbólica realizada en Managua, descrita por El 19 Digital como una jornada que inició en la Plaza 22 de Agosto. Durante el recorrido, los participantes portaron retratos de familiares y combatientes de la Segunda Guerra Mundial, recreando la tradición del “Regimiento Inmortal” (Cerón Méndez, 2026a). Esta práctica tuvo un profundo valor simbólico, porque permitió recordar a los caídos no solo como figuras históricas, sino como personas concretas vinculadas a familias, comunidades y generaciones.

Desde esta perspectiva, la conmemoración nicaragüense no se limitó a un acto diplomático. La presencia de la comunidad rusa radicada en el país, autoridades nacionales, representantes diplomáticos, ciudadanos nicaragüenses y jóvenes organizados convirtió la jornada en una expresión pública de memoria compartida. El acto buscó conectar la historia de la Gran Guerra Patria con valores más amplios como la paz, la soberanía, la dignidad de los pueblos y la resistencia frente a toda forma de dominación.

Durante la caminata, el cocanciller Denis Moncada resaltó que el triunfo del pueblo soviético contra el fascismo representó también una victoria para la humanidad. En su intervención, afirmó que aquella victoria tuvo “un costo de millones de vidas” y que, por ello, los pueblos demandan una paz real, con dignidad y respeto a la soberanía (Cerón Méndez, 2026a). Esta idea permitió situar la conmemoración no solo como una mirada al pasado, sino como una reflexión sobre los desafíos actuales de la convivencia internacional.

Por su parte, el embajador de la Federación de Rusia en Nicaragua, Mikhail Ledenev, agradeció las muestras de respeto del pueblo nicaragüense y destacó la cercanía entre ambos países. Según la cobertura de El 19 Digital, el diplomático expresó que Nicaragua es un país “hermano”, “aliado” y “amigo” de Rusia, y subrayó que la paz es una condición indispensable para la vida y el desarrollo de los pueblos (Cerón Méndez, 2026a).

Luego de la caminata, los participantes se trasladaron a la Sala Mayor de la Cinemateca Nacional, donde se proyectó la película Los 28 hombres de Pánfilov. Esta cinta narra la resistencia de soldados soviéticos frente al avance nazi hacia Moscú en 1941. La inclusión de esta actividad cultural dio a la jornada un carácter educativo, al utilizar el cine como medio para transmitir a las nuevas generaciones la memoria de la Segunda Guerra Mundial y el significado histórico de la victoria sobre el nazifascismo (Cerón Méndez, 2026a).

La Cinemateca Nacional también fue presentada como un espacio de intercambio cultural entre Nicaragua y Rusia. Sus representantes destacaron la importancia de preservar la memoria histórica y de transmitir las lecciones de la guerra para que hechos similares no vuelvan a repetirse. En este sentido, la proyección cinematográfica no fue únicamente una actividad artística, sino una herramienta de formación histórica y de reafirmación de los vínculos culturales entre ambos pueblos.

Otro momento relevante fue la intervención de Laureano Ortega Murillo durante los actos conmemorativos. De acuerdo con El 19 Digital y RT en Español, Ortega transmitió el saludo de los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo al presidente Vladímir Putin y al pueblo ruso, y expresó el agradecimiento de Nicaragua al pueblo soviético y ruso por su papel en la derrota del fascismo (El 19 Digital, 2026; RT en Español, 2026). En esa intervención se utilizó la frase “el sacrificio humano más grande de la historia” para referirse al costo de la victoria soviética durante la Segunda Guerra Mundial (RT en Español, 2026).

En conjunto, las actividades realizadas en Nicaragua mostraron tres dimensiones principales de la conmemoración. La primera fue la dimensión histórica, centrada en recordar el papel del pueblo soviético en la derrota del nazifascismo. La segunda fue la dimensión diplomática, expresada en la participación de autoridades nicaragüenses y rusas y en la reafirmación de la amistad bilateral. La tercera fue la dimensión cultural y educativa, visible en la caminata del Regimiento Inmortal y en la proyección cinematográfica como formas de acercar esta memoria a nuevas generaciones.

A 81 años de la victoria sobre el nazifascismo, Nicaragua presentó esta fecha como una memoria viva. La conmemoración no solo rindió homenaje a quienes lucharon y murieron durante la Segunda Guerra Mundial, sino que también reafirmó una visión de hermandad con Rusia, de defensa de la paz y de respeto a la soberanía de los pueblos. En ese sentido, el Día de la Victoria fue recordado en Nicaragua como una fecha de gratitud histórica, reflexión política y compromiso con la memoria.

 

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